Wednesday, 15 August 2012

Cinco cambios en la dieta del verano que aún estás a tiempo de hacer

En verano, es importante suministrar nutrientes protectores a la piel frente a la acción oxidante de los rayos del sol que la agreden, es necesario garantizar una hidratación suficiente y, por supuesto, disfrutar con la comida sin que ésta nos enferme ni sea el origen de sentimientos de culpa sobre la báscula.

En verano, es posible disfrutar de todos los manjares que nos brinda la naturaleza, sin llevarse el sobresalto al final de esta época por los kilos ganados, los desajustes en el colesterol, el ácido úrico o el azúcar. La clave está en identificar las costumbres poco sanas, que se repiten durante el verano, y abrir la mente y la boca a nuevas propuestas alimentarias, diferentes a las habituales, pero tan gustosas como estas. O más.

Ensaladas, algo más que tomate. El tomate es tal vez la hortaliza más esperada de los meses veraniegos. Las ensaladas, los gazpachos y los zumos elaborados con tomates de temporada en su punto de sazón y recién recolectados tienen un sabor inigualable. Sin embargo, quienes padecen de dolencias articulares deben consumirlos con moderación consumirlos con moderación, al igual que otras hortalizas de su familia (solanáceas), como los pimientos, las berenjenas y las patatas. En estos casos, se propone disfrutar con otras alternativas también gustosas como los pepinos, las lechugas, las endibias o las espinacas crudas en ensalada.

Legumbres, sin falta. El calor y el bochorno que acompañan a muchos días veraniegos ocasionan que las legumbres pierdan presencia en los menús semanales. No obstante, el compendio de nutrientes que reúnen estos alimentos es insuperable, de modo que su consumo semanal es obligado. El secreto para incluirlas como plato de verano es cambiar su forma de presentación y elaboración. Los estofados y guisos, que en los días fríos calientan el cuerpo y resultan tan contundentes, se sustituyen en verano por otras propuestas: ligeras sopas, sabrosas cremas frías o templadas o ensaladas frías.

Barbacoas vegetarianas y de pescado. Las barbacoas son, en verano, el pretexto más buscado para el encuentro familiar o con amigos. Pero también son un momento idóneo para sorprender a los invitados con la originalidad. Algunas opciones para ello son las barbacoas vegetarianas (verduras carnosas a la parrilla como berenjenas, calabacines, etc.) y deliciosas propuestas de pescados asados a la parrilla (sardinas de temporada, bonito a la plancha, lomos de rape, brochetas de pescado, de langostinos o gambas). Estas propuestas no tienen que ser la comida exclusiva del encuentro, pero sí pueden formar parte de la oferta gastronómica para quienes prefieran optar por comer más ligero que en las tradicionales barbacoas. Incluso, es posible asar la fruta en la barbacoa, que bien puede servir de original guarnición dulce.


 Helados naturales y de frutas. La gama de helados que ofertan tiendas y chiringuitos es de sobra conocida. El nexo común es: muchas calorías, grasas y azúcares en un pequeño, aunque delicioso bocado. La propuesta más sana y liviana consiste en preparar helados, granizados, sorbetes, batidos y jugos bien fríos con las frutas de temporada, como las cerezas, el melocotón, las fresas, la sandía o el albaricoque.

Té frío de postre o entre horas. Los tés, en toda su amplia gama (blanco, verde, rojo, negro), resultan refrescantes, proporcionan el estímulo esperado y calman la sed si se sirven también fríos, acompañados de hielo picado en forma de granizado o mezclados con jugo de limón.

En verano, las mismas calorías que el resto del año
En verano no precisamos ni más ni menos calorías que durante el resto del año, salvo que el ritmo y la intensidad en la práctica de actividad física sean muy superiores. No obstante, el mayor movimiento motivado por los baños en la piscina, los paseos por la playa o la montaña o los juegos no justifican que se deba comer más.

Pero sobretodo disfruta del verano!!

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